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La idea de Sociedad Civil

La idea de Sociedad Civil adquiere hoy aquella resonancia característica de las palabras que de tanto usarlas para cuestiones tan diversas, sufren una erosión semántica tan intensa que merecen una revisión. Ha salido a flote en aguas revueltas y por obra y gracia de singulares personajes de los medios publicitarios de la política venezolana que se proyectan con un vocablo semejante, como si estuvieran reinventando la bicicleta, sin que podamos estar seguros de que están consciente de ello. ¿Una frase hueca de los políticos con fines propagandísticos? ¿Un concepto sociológico para definir formas específicas de organización social? ¿Un rango de categoría semántica reservada a los iniciados? ¿Porqué se disputan ambos sectores para usarla como han hecho con la bandera tricolor? para decir: nosotros y no ustedes somos la genuina sociedad civil, esencia de la democracia participativa.
A mediados de siglo XIX venezolano la encuentro a menudo entre los masones aludiendo a una peculiar forma de organizarse dentro de un contexto de escuela para el despertar de la conciencia ciudadana y para definir la propia organización republicana y liberal que ofrecía la logia, un espacio para la proyección colectiva de las aspiraciones individuales.
La filosofía le tiene su espacio reservado como concepto, que más allá de la mera descripción, cuyo carácter normativo la relaciona con creencias y valores que la elevan a la categoría de la abstracción simbólica.
Una frase en bocas tan disímiles y con intenciones, en muchos casos tan opuestas que reclaman un instante de reflexión para saber qué podemos hacer con ella.
Dudo que nuestros medios de comunicación hubiesen evocado el término Sociedad Civil en el mismo tono de trompeta de Jericó durante los hechos que precedieron a la caída del muro de Berlín como sinónimo de anti socialismo o de contra revolución. Sobre todo durante la caricaturesca suplencia que le hicieran a los politiqueros desaparecidos cuando la gente dejó de creer en ellos. Lo monopolizan con la ventaja que les ofreció una campaña publicitaria de veinticuatro horas diarias durante dos meses. Menos aún, utilizado de manera conciente como fundamento teórico del neoliberalismo, al menos que hubiese algún sociólogo coleado entre sus ventrílocuos.
En algo coinciden tanto usuarios (usadores) como abusadores del término, consiste en asociarlo como rama lateral del Estado; algo así como los no burócratas. La suspicacia de la oposición consiste en sugerir que los oficialistas están tan fundidos al Gobierno que se confunden con el Estado donde la otra parte son ellos, la sociedad civil; y que desde el otro punto de vista puede ser catalogada como un eufemismo de las turbas dirigidas por el líder de la cajita de vidrio, anónimo fanfarrón que les emite la orden hipnótica de diferenciarse del sector de nuestra sociedad que se había mantenido al margen de la Sociedad Civil, y se resiste a ingresar en las condiciones que le impongan.






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