Los masones venezolanos del siglo XIX pasaron buena parte del siglo uniendo esfuerzos para construir esta pieza de arquitectura. Comenzaron recolectando monedas hasta comprar el terreno, luego conformaron una sociedad civil para la construcción del templo. Finalmente convencieron al Ejecutivo, para que invirtiera los recursos del Estado para terminar la obra. Los masones venezolanos del siglo XX malgastaron la segunda mitad del siglo tratando de derribarlo bajo el pretexto de construir un edificio de diez pisos donde funcionarían las logias. Este desacuerdo forma parte de un buen grupo de razones que explican la división de la masonería venezolana del siglo XX. No contaban con la astucia de un hermano mayor que tuvo la habilidad de ofrecer razones históricas para que fuera declarado Monumento Histórico Nacional, y así frustrar ese viejo sueño que contó con varios proyectos, aún después de publicado en Gaceta Oficial la condición del Monumento.
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